martes, 31 de enero de 2012

Premios Oscar 2012 (I): The Artist

  Es la película del año, la típica sleeper pequeña de largo recorrido que mola decir que adoras, y además el mundo del cine estadounidense la adora por el pedazo de homenaje que le hace a sus época más mitificada: los últimos días del cine mudo, cuando el star system estaba en lo más alto y el cine aun tenía su capa de purpurina aun intacta.

  Pero ¿merece la película de Hazanavicius (el nombre lo han elegido a posta para hacerles la puñeta a los americanos) tanto reconocimiento y galardón? Pues como es lógico, algunos méritos ha hecho para ello, pero no todos los que nos están imponiendo. Aprovecho este primer post sobre los Oscar para aclarar que no comparo la película con el resto de las competidoras, sino que valoro si tiene el suficiente mérito individual para ganar el señor dorado.

  Está bastante claro que la primordial inteción de The Artist es establecer un diálogo entre el cine mudo y el arte audiovisual posmoderno estableciendo una réplica de los modos del Hollywood de finales de los 20. El problema es que, aunque la intención queda demostrada en los aspectos formales del film, el resultado de esta intención no termina de llegar a buen puerto. Y no lo hace a nivel de dirección porque los mecanismos de narración audiovisual que utiliza son erráticos y no terminan de entonar un camino claro. Lo que en muchas ocasiones es un uso del espacio muy acorde con el cine mudo (ese montaje interno, la profundidad de encuadres,...) y bastante alejado del cine actual, vuelve eventualmente al modo más mainstream actual con primeros planos forzados, montajes mecánicos demasiado dinámicos para el tono general y cortes en los encuadres inpensables en la época silente. En este aspecto me costaría decir que merece ser nombrada la mejor película (de la industria) del año, y mucho menos que Hazanavicius se acerca a ser el mejor director.

  Un tema muy diferente son los galardones a mejor vestuario, fotografía y dirección artística, tres premios que suelen favorecer a los films de época (que piden mucho más esfuerzo a nivel estético para resultar creíbles). En este aspecto no hay nada que reprochar al excelente trabajo de ambientación y mucho menos al fantástico resultado logrado en el blanco y negro granulado de Guillaume Schiffman. Tres premios Oscar ganados sin problema.



  El caso de la banda sonora es similar. La creación de Ludovic Bource está tan cercana a las partituras rescatadas de los filmes mudos del Hollywood silente que se convierte en la pieza más inmersiva de The Artist. Si la película francesa tiene que ganar solo un premio, que sea este.

  Los premios de interpretación (actor principal a Jean Dujardin y actriz de reparto a Bérénice Bejo) se parecen demasiado a nominaciones completistas (del palo "es la película del año, así que vamos a nominarla a todo lo que no suene demasiado ridículo") como para considerar los méritos y carrera de los intérpretes. El problema es que este tipo de premios están bastante cuadriculados: se suelen dar a actores consagrados o a jóevenes promesas en papeles complicados con una dificultad extra. Más allá del factor "las reglas no escritas de los Oscar", es cierto que es complicado medir la calidad interpretativa de estos dos actores en papeles que consisten precisamente en imitar el estilo de un tipo de cine que se caracteriza por la sobreactuación y la teatralización, y más en una historia con semejante carencia de arcos de transformación o conflictos internos.

  Pero las nominaciónes de The Artist que menos logro comprender son las de Guión original y montaje. Por parte del guión, la simpleza de la historia, la inexistencia de subtexto, subtramas, nudos de interés y cualquier cosa parecida a una estructura narrativa debería descartar este texto a cualquier consideración acerca de lo galardonable del libreto. Y tres cuartos de lo mismo respecto al montaje, que no es que sea malo, deficiente o poco eficaz, pero en un material tan llanito, no es posible hacer ningún tipo de virguería, mérito especial o desarrollar una muestra de talento editor que merezca un premio.

  En resumen: Vestuario, Banda Sonora, Fotografía y Dirección Artística, sí. Montaje, Guión Original, Actor Principal, Actriz de Reparto, Director y Película, no.

sábado, 14 de enero de 2012

"Casa" o la colisión de planos vacíos

  No soy muy fan de los cortometrajes (pero nada nada fan), así que los pocos que veo los miro con pocas expectativas. Pero en ocasiones se encuentran cosas muy interesantes en este mundillo.

  "Casa", de Miguel Sánchez Muñoz, trabaja una historia tensa y sencilla con un uso del espacio radicalmente geométrico y horizontal y una imagen limpia adornada por un ambiente sonoro opresivo plagado de ecos. Pero lo que más me ha conmocionado de esta pequeña pieza de terror ha sido su montaje, un montaje creado por la colisión de los planos vacios o casi vacíos. Es decir, es tradicional en el cine narrativo tratar de que el montaje no sea percibido por el espectador y que sea asimilado como un duplicado de la visión natural, pero en este caso el efecto es precisamente el contrario, y eso provoca un extrañamiento e incomodidad que el propio argumento no apoya hasta el final.

Ahí queda el corto "Casa" para quien quiera disfrutarlo, enjoy!

domingo, 18 de diciembre de 2011

Canibal Feroz, sangre entre la porquería

  No es que me esperara gran cosa de Cannibal Ferox, esencialmente porque la película con la que se la suele comparar es Holocausto Canibal, tampoco es la cosa del otro jueves, pero esta peli de Lenzi es aun peor que su predecesora.

  El argumento es el mismo: canibales que hacen barbaridades con blanquitos (gilipollas y sádicos) y animales salvajes. Pero al menos Holocausto tenía el punto de estar rodada con pretensiones de falso documental, un estilo que le añadía un toque interesante al festival carnicero. En el caso de Canibal Feroz la dirección no aporta nada a la limitadita historia más que el modo mostrativo más puramente turístico (del estilo: "mira cariño, esos salvajes le están cortando el pene a un traficante de droga, grabémoslo para verlo en nuestra casa de Ohio").


  Para no desmerecer la dirección y la estética, el guión es un  pestiño que se dedica a repetir una y otra vez que los villanos son los hombres occidentales que se dedican a dar mal a los pobres indígenas. Y por si a alguien no le quedaba claro el mensaje (que sí, que somos malos) la base de la historia es una estudiante que quiere demostrar que el canibalismo no existe, y como, evidentemente, en esta película eso es completamente falso, oscuras voces en off la atormentan recordándola las tontunas que defendía en su investigación (más efectivo y menos sutil si cabe habría sido que la voz gritara: "TOOONTAAA, Y TÚ DECÍAS QUE NO COMÍAN GENTE").

  Podría pensar que en este tipo de películas la gracia está en las escenas de tortura (con eso del morbo) al estilo Guinea Pig, pero es que ni eso es potable. Los efectos especiales (vamos a llamarles así) son del estilo sirope de fresa y bolsa de basura rellena de tripas de cerdo, con mención especial a la escena de la chica colgada por ganchos de las tetas (dos flanes de plastilina). Los únicos momentos en los que la carnicería parece real es en las matanzas de animales, pero eso es solo porque son reales, y eso, aparte de ser trampa, es una hijoputada interesante.

  Como hablar de la calidad de las interpretaciones me parecería ya insultar a la gente que vive de la actuación (que ni morirnos con un mínimo de calidad sabemos ya), voy a resumir mi opinión sobre Canibal Feroz como: castañote de película que me acabo de comer.

lunes, 7 de noviembre de 2011

"Melancolía" y la narrativa del fin del mundo

  El planeta Melancolía se ha estrellado contra la Tierra aniquilando absolutamente toda vida y aborbiendo en su descomunal masa azul la pequeña esfera en la que la raza humana solía habitar. Sobre esa destrucción, Lars von Trier inserta imágenes de una historia que aun no conocemos con Kirsten Dunst vestida de novia y Charlotte Gainsbourg huyendo por el césped con un niño en brazos. Unas imágenes afectadas por una angustiosa gravedad que ralentiza los movimientos de las mujeres y las hunde en la tierra creando una unión/confrontación entre las figuras humanas y la naturaleza que amenaza con destruirlas y hundirlas en sus terrosas profundidades.




  Tras este prólogo, muy similar al "suicidio infantil" de Anticristo, el director danés deja en manos de sus dos chicas el desplegar la historia de sus últimos días en la Tierra, una historia puntuada por un gigantesco modificador, el agresivo planeta escondido tras el Sol, que con su malvada presencia media toda la fantasía voyeurista que es el relato de la boda y el cuento intimista de fascinación autodestructiva y terror preservador de la segund mitad. La gran mole del globo azul está presente para el espectador desde el minuto uno, y se hace presente en distintos momentos y de diferente manera para los personajes. Melancolía estimulará el fagocitador intelecto del hombre de la casa (Kiefer Sutherland) obligando a su familia a absorver su amor por el planeta destructor. Aterrorizará a la madre y hermana coraje, Claire, convirtiéndola a medida que se acerca a la colisión en una figura doliente, un ser a medio camino entre la maternidad sacrificada y el pánico al abismo de la destrucción. Y mistificará a la cada minuto más etérea Justine (Dunst) que se irá atavizando en una evolución interpretativa desde la felicidad prenupcial hasta la extrañeza por la propia humanidad para terminar por interiorizar a una femenina divinidad, similar y a la vez opuesta al divino femenino de Anticristo, opuesto porque lo que en Anticristo era el eterno ciclo de destrucción representado en la procreación, aquí es la capacidad creadora de la terrenal y celestial Justine a medida que se acerca la total destrucción.

  Melancolía es, en resumen, una evolución extrema y cruda de dos personajes femeninos galardonables hasta el límite, un ejercicio estético sobresaliente acerca del fin del mundo y el verdadero terror cósmico, y un ejercicio magistral del horror implacable en fuera de campo.

jueves, 3 de noviembre de 2011

La triste lección de Campofrío con La Noria

  Campofrío, Puleva y Bayer retiran sus anuncios del programa de telebasura de (a ver si lo adivina alguien) TeleCinco debido a la entrevista pagada (y bein pagada) a la madre de "el Cuco". Una buena noticia de base, porque todo lo que sean golpes en la línea de flotación de esta factoría de mierda catódica (o tedetiana) es bueno para las neuronas del pueblo español. Pero no ten buena si tenemos en cuenta que, hasta este golpe jamonero, todas las ideazas del tipo morboso que se les han ocurrido a los chicos de Vasile (ya sea hablar con los muertos, pagar a chonis para que se muerdan los ojos en directo o entrevistar a putillas de medio pelo para que cuenten de qué color tiene el pelo de los huevos el torero de turno) les han salido muy rentables en cuanto a audiencia y, por lo tanto, en cuanto a pasta recaudada a base de inserciones publicitarias.


  Esto es: qué bonito que alguien le de un palo a los programas chuscos de TeleCinco, pero qué lástima que tenga que ser una empresa charcutera la que venga a poner orden (previa queja de los clientes, eso si) porque a la audiencia no solo no le importa la moral del contenido, sino que pide cada vez más bajeza en la calidad del mismo.

  Reflexión al respecto desde la más pura negatividad de investigador del audiovisual: no es que tengamos una mala televisión, es que tenemos una muy mala audiencia.

jueves, 27 de octubre de 2011

Yatterman, el lado tonto de Takashi Miike

  Takashi Miike es un director caótico y anárquico sin ningún tipo de control sobre su imaginación (opino). Por eso hace cosas rarísimas que no tienen nada que ver con lo que se pueda esperar de él (sea lo que sea). Si habéis visto Ichi the Killer, Audition y 13 asesinos, pasaos la lado duro con Yatterman. Kitsch hasta la náusea, rosa como el vómito de Paris Hilton y muy muy (pero que muy) absurdo. Aquí una muestra: 

domingo, 23 de octubre de 2011

"Caro Diario", el cine (casi) más grande que la vida

  Impresionante el discurso que articula el italiano Nani Moretti en Caro Diario. Tres capítulos sin ningún nexo de unión salvo el protagonista, el mismo director, y su manera suavemente irónica de ver la vida. Tres capítulos tan llenos de cine que por momentos abandona cualquier pulsión narrativa por el interés puramente estético de la expresión emocional.



  Moretti construye su teoría sobre el cine-vida con tres trayectorias personales sin nigún conflicto aparente que llena de matices y reflexiones con tanta posibilidad discursiva que solamente se perfilan y que no se definen con claridad. Es la superposición, la yuxtaposición y el contraste de esos matices de absoluta belleza los que crean una sensación total que se va modificando y aumentando hasta que el mensaje, el lienzo completo, se vislumbra con la sinceridad y la inaprensibilidad que tienen los relatos vitales más exactos.

  La vida es inabarcable, no cabe en un relato, pero Moretti es capaz de tratar de filmarla en sus momentos de mayor verdad y reunirlos para que la sintamos más cercana de lo que estamos acostumbrados.