Ya tiene tela que tenga que ser la séptima parte la mejor de la saga, pero es lo que hay. Si la quinta era un despropósito sin paliativos y la sexta salvaba el tipo por el viraje al humor y la autoparodia, la séptima plantea un argumento prometedor con hallazgos interesantes (no en vano estaba planteada como un crossover con la creación de Stephen King "Carrie"): el conflicto entre los traumas de la protagonista, la avaricia del terapeuta y la madre incapaz de reaccionar; la panda de adolescentes con una proyección de vida más allá del fin de la película (algo no muy normal en esta saga, en general los chavales son carnes con ojos que sirven para sangrar y poco más, pero en este caso algunos incluso tienen planes, ambiciones e intereses); la creación de ambientes opresivos con fueras de campo a base de juegos de luces y sombras,...
Tampoco voy a decir que sea buena, que no es para tanto. No iba a ser esta la primera Viernes 13 de calidad, con un material que ya ha demostrado en seis ocasiones que no da para mucho. Pero por lo menos plantea un par de ideas curiosas que refresca un poco el erial que ha sido el mundillo de Jason Voorhees desde su nacimiento-muerte.Vamos, que para ser Viernes 13, ni tan mal.
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domingo, 25 de septiembre de 2011
domingo, 4 de septiembre de 2011
Viernes 13 V: Un nuevo comienzo
La quinta parte de esta saga de terror tiene el honor de ser la peor en una lista que ha dado mucha mierda al género. Si ya la primera parte era solo una mala copia de La noche de Halloween que aportaba poco más que el motivo sexual y la mitología de campamento de verano, esta vez los creadores se lucieron con un caos de película que no acierta ni a nivel de divertimento.
La fórmula es exactamente la misma que sus cuatro predecesoras, pero donde éstas aportaban un par de elementos interesantes por cinta (por citar alguno, la divergencia de espacios en la cuarta o el ritmo de la persecución final en la primera), la quinta parte solo recicla y copia los más tristes clichés que vinieron antes: la escena del granero es calcada a la de la tercera, los breves momentos de huída tratan de imitar a la claustrofóbica encerrona de la original (que ya de por si era un pastiche bien resuelto de otras cintas) y así durante todo el filme se van desgranando deja vus que más allá de la influencia y la referencia pasan directamente al autoplagio.
Es una pena que no aproveche un par de ideas que le podrían haber aportado un poco más de gloria, como lo que parece ser una obsesión mutua entre el protagonista y Jason, o la perturbación mental (que no se ve por ninguna parte) de los chavales del campamento. Se esperaría algo así durante la primera media hora, en la que vemos al Tommy, el niño superviviente de Viernes 13 IV, como un joven ligeramente perturbado y con obsesión por los monstruos, o al ver a uno de los internos asesinar a hachazos al huérfano gordito, pero bien pronto se olvida todo para dar rienda suelta a los asesinatos sin sentido de personajes al azar, sin presentación.
En resumen, un sin dios de muertes de todo aquel que pase por allí, mal narrado, mal fotografiado, mal interpretado y encima con un final que trata de añadir chicha donde no la hay. Mal, muy mal
La fórmula es exactamente la misma que sus cuatro predecesoras, pero donde éstas aportaban un par de elementos interesantes por cinta (por citar alguno, la divergencia de espacios en la cuarta o el ritmo de la persecución final en la primera), la quinta parte solo recicla y copia los más tristes clichés que vinieron antes: la escena del granero es calcada a la de la tercera, los breves momentos de huída tratan de imitar a la claustrofóbica encerrona de la original (que ya de por si era un pastiche bien resuelto de otras cintas) y así durante todo el filme se van desgranando deja vus que más allá de la influencia y la referencia pasan directamente al autoplagio.
Es una pena que no aproveche un par de ideas que le podrían haber aportado un poco más de gloria, como lo que parece ser una obsesión mutua entre el protagonista y Jason, o la perturbación mental (que no se ve por ninguna parte) de los chavales del campamento. Se esperaría algo así durante la primera media hora, en la que vemos al Tommy, el niño superviviente de Viernes 13 IV, como un joven ligeramente perturbado y con obsesión por los monstruos, o al ver a uno de los internos asesinar a hachazos al huérfano gordito, pero bien pronto se olvida todo para dar rienda suelta a los asesinatos sin sentido de personajes al azar, sin presentación.
En resumen, un sin dios de muertes de todo aquel que pase por allí, mal narrado, mal fotografiado, mal interpretado y encima con un final que trata de añadir chicha donde no la hay. Mal, muy mal
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